domingo, 14 de octubre de 2012

En el Infierno

Manhattan
no me importa.

Ya quedé en la historia.

Sus besos como la calle 86
son efímeros;
mis poemas serán recitados por Dios
en el Juicio Final:
Tratan de mis pecados
en distintos lechos
menos
con sus labios.
Mis versos serán mi juicio,
pero ningún mortal los matará
y se convencerá Dios
y me dirá
por cantar tan perfecto
eres mi hijo
lo reconozco; siéntese conmigo,
y usted estará en el Infierno por no besarme.

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