martes, 23 de agosto de 2011

Plato de perro


Plato de perro abrió la puerta de su casa vio que todo estaba tranquilo en Puercolandia.
Pensó en tomar un lápiz y escribir en la agenda que acostumbraba dejar durante la noche sobre la mesa de comedor (para a la hora del desayudo organizar su día), a pesar de que Plato de perro era riguroso en aspectos básicos de su vida, nunca lavaba el plato en que comía. Y es que para ser  habitante de Puercolandia se debe desarrollar un hábito de asquerosidad sobrenatural.
Cuando acabó de ordenar su día se levantó, abrió la refri, sacó la leche y, echó un poco sobre su plato insalubre, luego fue al estante donde guardaba el cereal y se echó un poco, se sentó y dio su primera cucharada; le supo a todo: pollo frito, arroz y frijoles, ensalada de repollo, papas condimentadas en aceite de oliva, brócoli, pescado, y otras cosas más. Después de que comió dijo:
-¡Qué delicioso cereal ¿Qué le estarán echando ahora?! 

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