Mi lengua-quijada de perro le pega a los pilares de la institución.
Me dijo un día
no sea trascendentalista
ni antilírico
y yo...
le hago caso.
Mi verso lobo
aúlla y muerde y rasguña
en la aurora y en el ocaso.
Se comen a Laurel de los olivos
de hoja en hoja
de rama en rama
de trozo en trocito
se lo están comiendo a él y a su moto
transforman sus versos sociales en bufonadas medievales.
Eso, no me gusta.
No sé escribir sonetos, eso es de petrarquistas
antes de ir a la universidad, me formé poeta en la calle.
Soy un científico del verso
y sé, hay algunos
con la Poética del olvido
también sé, de Beethoven
y me gusta usar los adjetivos
y adverbios, amo los adverbios.
Jesús, el signo, el archisigno
la Archiescritura me dio todas las palabras para usarlas.
Mi corazón ascendió ayer a las estrellas
y le tiró una cuecha a Zeus.
Me duele tanto que con dinero de la República de Costa Rica se publiquen poemas
construidos
desde sus bases
con la Poética del olvido.
Hoy
en la mañana
compré un ataúd
para sepultar todos esos poemas.
A mí me gusta comer cereal
y pan integral
y me gusta el vino; pero no en exceso.
Dios me dio la consciencia y tengo que usarla
que importan si otros no la usan, mientras yo la use.
Tengo que tener sexo, mucho sexo con mi esposa
y la marihuna se la dejo a los poetas antitranscendentalistas,
no tengo tiempo para ficciones
el poema es la Historia: el Ille tempore.
Estoy seguro que César Debravo
está con la Archiescritura
y juntos
vamos a construir versos en las estrellas
mientras los de aquí
nos aplauden.
